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El cristianismo, la luz en las tinieblas.

Enviado por   •  13 de Marzo de 2018  •  2.032 Palabras (9 Páginas)  •  5 Visitas

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La Iglesia tuvo una fuerte influencia en la génesis del feudalismo. Apoya el concepto de sociedad jerarquizada, hay un orden y una autoridad vertical en forma análoga a la jerarquía celestial. El vasallo acude a la protección del caballero feudal en busca de protección temporal, como lo hace hacia el sacerdote en el plano trascendente. No son mundos que compiten, sino que se complementan. La sociedad está estratificada y su elemento aglutinante es la Iglesia Cristiana.

Por otra parte el cristianismo define un marco de límites al feudalismo. Hay derechos y obligaciones, pero dentro de un orden moral que comparten siervo y señor. San Ivo de Chartres escribe, ‘Delante de Cristo no hay hombre libre ni siervo; todos los que participan en los mismos sacramentos son iguales.’

El rey y sus nobles tienen la “potestas” pero no el poder absoluto de hacer lo que quieran, sino que siempre estaban limitados por la “ley de Dios”. Por eso, para llegar a ser rey se requería la coronación, el candidato era ungido en nombre de Dios y después debía jurar respetar las leyes y fueros locales. Aún en sus momentos de mayor debilidad, la Iglesia fue la única fuente de legitimidad y su bendición necesaria para el ejercicio de las responsabilidades políticas.

El cristianismo intentó canalizar el espíritu guerrero de la aristocracia feudal, primero en las “treguas de Dios” y más tarde en las Cruzadas y en el desarrollo conceptual de la “guerra justa”, que ponía límites a las frecuentes rencillas locales. Si bien era iluso pensar en prohibir la violencia, se trató de ir colocándole cada vez más límites. Se prohibió entrar por la fuerza a las iglesias, golpear a los clérigos, robar el ganado de los campesinos, destruir molinos y viñas, atacar tanto a los mercaderes como las mujeres nobles. Se impidió también realizar la guerra entre jueves y domingo y en las fiestas religiosas. La Iglesia era la gran pacificadora. En la vida de San Norberto, Arzobispo de Magdeburgo se comenta: ‘Norberto y sus compañeros recorrían los castillos, los pueblos, los lugares fortificados, predicando y reconciliando a los enemigos, pacificando los odios y las guerras más arraigadas.’

El objetivo del caballero era la gloria, pero también podía conseguirla a través de la defensa de la fe y de la lucha contra el infiel musulmán en Tierra Santa o España. La figura de Carlomagno, la de Rolando y la del Cid, fueron los elementos propagandísticos de este nuevo ideal caballeresco. La iglesia buscó transformar al caballero-guerrero, y a veces mercenario, en un buen cristiano, sacralizar el oficio militar y la leyenda del Santo Grial fue el ejemplo más claro de este empeño.

La iglesia tuvo también un papel, no suficientemente reconocido, en el desarrollo científico y económico de Occidente. Se secaron pantanos, se limpiaron bosques, se desarrollaron nuevas técnicas agrícolas. Donde llegaba, se convertía en un centro civilizador y de progreso social y económico. Un poema del siglo XIV escrito por un monje de Lubiaz evoca el efecto de la llegada a Polonia de los monjes cistercienses:

‘La tierra no tenía cultivadores y yacía debajo de los bosques

Y los polacos eran gente pobre y ociosa

Que usaban arados de madera sin hierro para hacer surcos en el terreno arenoso

Ni sal, ni hierro, ni moneda, ni metal,

Ni buenas ropas, ni siquiera zapatos

Tenía esa gente, sólo las desolladuras de sus rebaños

Éstas fueron las delicias que encontraron los primeros monjes’

Hasta nuestros días ha sobrevivido el plano de la Abadía de St. Gall como modelo de abadía carolingia. En él podemos advertir que aparte de la iglesia y los edificios dedicados al trabajo, oración y alojamiento de los monjes existían también escuelas, talleres, graneros, hospitales, molinos y establos. Claramente su influencia iba más allá del plano espiritual, fue también el refugio material y espiritual del desamparado.

En palabras del historiador contemporáneo Heilbron

‘proporcionaron a toda Europa (…) una red de fábricas, centros para la cría del ganado, centros de investigación, fervor espiritual, el arte de vivir, la predisposición a la acción social. En resumidas cuentas una avanzada civilización que surgió del caos y la barbarie circundante. Sin duda alguna, San Benito fue el padre de Europa; y los benedictinos, sus hijos, fueron los padres de la civilización Europea.’

La parroquia, el monasterio, la iglesia no sólo fueron centros espirituales sino que también circunscripciones económicas y administrativas. La monarquía y el señor feudal se apoyaron en la Iglesia para recaudar impuestos y en los sacerdotes más educados y talentosos para administrar el reino. Por siglos los reyes y nobles principales llevaron una vida semi nómada, refugiados en fortalezas o casa fuertes. La vida urbana se mantuvo en torno a la casa episcopal y la mayoría de los habitantes dependían en menor o mayor medida de la Iglesia. Bartlett estima que hacia el 1200 existían 800 obispados en Europa que reconocían la autoridad del papado y celebraban la liturgia latina. Esta red eclesial era la base del mundo cristiano.

Los monasterios le dieron un nuevo significado al trabajo físico. Con la regla de San Benito éste pasó a ser un medio de honrar a Dios y alcanzar la virtud. Dejó de ser el castigo divino del Antiguo Testamento y la indignidad propia de esclavos del mundo griego y romano. La Escuela de Chartres visualizaba el Universo como un gigantesco taller donde la obra divina se completaba con el trabajo de su criatura. Con esto le dio una nueva visión a la labor que desempeñaba el campesino, la base de la sociedad medieval.

Se suele criticar a la Iglesia Medieval por la distancia entre lo que predicaba y sus actos. Petrarca, Boccaccio y numerosos intelectuales testimonian la presencia dentro de la Iglesia de sacerdotes, obispos y aún papas, poco preparados, pecadores, codiciosos, glotones, amantes del lujo y sin respeto por el celibato. Pero este grupo de críticos actuó “dentro” de la Iglesia. Luis Suarez afirma:

‘Con algunas excepciones, los humanistas revelaron una profunda adhesión a la Iglesia, aunque no les gustasen muchas de sus prácticas y vicios que se habían introducido. Creían en la necesidad de una reforma y confiaban en que su trabajo (…) ayudara a este objetivo’

Es indudable que la Iglesia postuló

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