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La narrativa escrita por mujeres a partir de una habitación propia

Enviado por   •  11 de Enero de 2019  •  2.709 Palabras (11 Páginas)  •  1 Visitas

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Woolf sigue con su recorrido entre los libros, se encuentra con que muy pocos hablan de la mujer de una manera individual, además, las que aparecían así era porque pertenecían a la nobleza. Continua y se topa con el pensamiento de un hombre que dice: “¡Los gatos no van al cielo! ¡Las mujeres no pueden componer como Shakespeare!”. El encontrar los estantes vacíos la llevó a pensar que quizá el obispo tenía razón y nos presenta la idea de qué hubiera pasado si Shakespeare hubiera tenido una hermana maravillosamente dotada. Se trata de Judith. Supongamos que se quedaba en casa. Era tan audaz, tan imaginativa, tan impaciente de ver el mundo como él. Pero no la mandaron a la escuela. No tuvo las mismas oportunidades, hojeaba de vez en cuando un libro, uno de su hermano. Quizá leía unas cuantas páginas, pero debía continuar con sus labores y no malgastar su tiempo con libros y papeles. Por su condición como mujer no se lo permitían porque tenía que casarse y si desafiaba todas las leyes naturales de su época su destino hubiera sido la muerte. Resumiendo, las palabras de Woolf: “Sin embargo, alguna especie de genio debe haber existido entre las mujeres y debe haber existido entre las clases trabajadoras” contradiciendo un poco a lo que el obispo dijo. Por otra parte menciona: “Me atrevo a adivinar que un Anónimo, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a mundo una mujer” entonces la autora termina resumiendo toda esta historia así: “Una mujer nacida con un gran talento en el siglo XVI se hubiera enloquecido, se hubiera tirado un balazo o hubiera acabado sus días en una choza solitaria, fuera de la aldea, medio bruja, medio hechicera, burlada y temida” Según su pensar, vivir una vida libre en el siglo XVI para una mujer escritora conllevaba una tensión nerviosa y un dilema.

Si hubiera sobrevivido, todos sus escritos hubieran sido retorcidos y deformes, frutos de una forzada imaginación, ya que en el siglo XIX varias escritoras crecieron ineficazmente bajo un nombre viril. Rindieron homenaje a la convicción, tan abundantemente fomentada por el otro sexo. Aquella mujer que nació con el don de la poesía en el siglo XVI era una mujer desdichada, una mujer que luchaba consigo misma. Pero ¿Cuál será el estado mental más propicio al acto de la creación? ¿Es posible alcanzar una justa noción del estado que permite y amplía esa actividad extraña? Posteriormente, Woolf compara el acto de escribir de hombres y mujeres. Las emociones que tiene al momento de escribir, las dificultades sociales y económicas, mismas que se maximizan para la mujer. Por un lado, tener un cuarto propio era imposible, a menos que fueran ricas. El mundo no les decía lo que a los hombres: “Escriban si quieren; no me importa”. Les decían con una carcajada: ¿Escribir? ¿Para qué escribir? La ensayista retoma lo que Browning, un catedrático, pensaba. Después de analizar la historia, su impresión fue que “Las mujeres eran intelectualmente inferior a los hombres”. En el siguiente capítulo menciona: “esperaría que una gran dama aprovechando su relativa independencia y comodidad, publicara con su firma corriente el albur de que la consideraran un monstruo los hombres”. Luego, ejemplifica con escritos de mujeres, una de ellas Winchilsea, cómo una mujer que escribía era mal vista, así como presa de su entorno. Woolf cree que eso llevó a las escritoras a la amargura, pues recibían críticas fuertes hacia su escritura. No importaba su clase social, en todas ardía una pasión poética y una deformación por la ira.

Se creía que ninguna mujer modesta y discreta podía escribir literatura. Una mujer podía escribir sentada en la cabecera de su padre, escribir junto al fuego mientras los hombres charlaban, sin molestarlos. Siguiendo ese pensamiento, lo ejemplifica con un fragmento de una novela de una mujer. De esa forma demuestra que hay talento sin importar el lugar donde se escriba, mas las escritoras llegaron a creer que escribir un libro era ser ridícula o trastornada. A través de Mrs. Behn, Woolf demuestra la tesis que planteó al inicio del ensayo. Lo que le dio libertad a la Mrs. Behn fue su viudez, misma que le permitió trabajar y desarrollarse sin prejuicios, también le dio la libertad mental y así pudo practicar la escritura, dejó de ser un mero síntoma de idiotez o de mente trastornada. Al acercarse el siglo XVIII, cientos de mujeres comenzaron a mantener a sus familias gracias a su escritura, mujeres de todas clases, no sólo las aristócratas, se ganaban la vida con sus escritos. Se convirtieron en las precursoras de la literatura escrita por mujeres. Ya en el siglo XIX había más libros escritos por mujeres, predominando la poesía antes que la narrativa. En Francia e Inglaterra, las mujeres poetas procedían a la mujer novelista. Me pregunto si eso tiene que ver con que pertenecían a la clase media, ya que esas familias no tenían más que una salita. Si una mujer quería escribir tenía que hacerlo en una sala común, atendiendo a todos: “Las mujeres nunca tienen media hora…que sea realmente de ellas”. Siempre las interrumpían. Sin embargo, era más fácil escribir novelas, se requería menos concentración.

Las novelas escritas por mujeres del siglo XIX las trazó una mente algo apartada de la línea recta. Escriben como escriben las mujeres y no los hombres. Porque si somos mujeres, nuestro contacto con el pasado se hace a través de nuestras madres, quizá lo primero que descubrió la mujer al tomar la pluma es que no existe una frase común lista para el uso. Todos los géneros literarios más antiguos ya estaban coagulados cuando la mujer comenzó a escribir. Solo la novela era bastante joven para ser blanda en sus manos, otro motivo quizá para que la mujer escribiera novelas.

A partir del penúltimo capítulo, la autora llegó a la conclusión de que la lectura y la crítica han abierto posiblemente a las mujeres nuevos horizontes. El impulso hacia la autobiografía quizá ya se ha consumido, quizá ahora la mujer está empezando a utilizar la escritura como arte no como un medio de auto expresión. Adquiere entonces más matices, tiene otros intereses a parte de los domésticos, pero se enfrenta a la carga históricas que trae detrás, a las cuestiones políticas y sociales, así pues, expresa: “Basta entrar a cualquier habitación de cualquier calle para que la fuerza sumamente compleja de la feminidad le dé a uno en la cara”. El poder creador femenino es muy diferente al del hombre, sería una lastima que las mujeres escribieran como los hombres, ¿no debería la educación buscar y fortalecer las diferencias y no las semejanzas? Se pregunta Woolf, pues cree que sería más útil para la humanidad.

En el último capítulo, retoma la novela y el pensamiento femenino. Cree que el

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