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"De Isidoro de Sevilla al Amadís de Gaula" Resumen

Enviado por   •  29 de Abril de 2018  •  2.854 Palabras (12 Páginas)  •  88 Visitas

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Es así como la escritura de la historia, de las historias de España en lengua castellana, constituye un acontecimiento decisivo de la historia misma de España, que permitió, por una parte, la apropiación de una memoria compartida por todos los cristianos de la península ibérica y, por otra, contribuyó a la dominación política de Castilla en la península ibérica. La Estoria de España, monumento de la literatura en lengua castellana, obra de varios reinos, precedió y anunció la victoria política de Castilla.

- La escritura de la verdad de la historia al servicio de la grandeza de los reyes, de la nueva nobleza y de la “nación” española

La historiografía española de los siglos XIV y XV no rompe con su pasado sino, más bien, lo acrecenta y lo enriquece. En esa época, uno de los más apreciados géneros históricos es la biografía. Eso se debió a la influencia política y social de la aristocracia en la península ibérica en el siglo xv y sobre todo al hecho de que la “nobleza nueva” quería hacer valer más la antigüedad de su linaje. Se trata de no poner en relieve algunos actos sino los rasgos de un carácter, el gran interés es siempre ejemplarizar una virtud en particular.

Sobresale en esta etapa el libro del erudito Alonso García de Santa María de Cartagena (1384-1456), obispo de Burgos titulado Regum hispanorum, romanorum impertorum, summorum pontificum, necnon francorum anacephaleosis, traducido al castellano en 1463 con el título Genealogía de los reyes. Con él se elabora una nueva historia de España, celosa por definir el genio y la figura de la “nación” española y por proponer a España una misión específica y preponderante en la escena de la historia universal, antes de que fuera establecida la unidad nacional y la transformación de España en una potencia europea y colonial. En la línea de Alonso García de Santa María, Rodrigo Sánchez de Arévalo (1404-1470), sucesivamente obispo en diferentes sedes españolas y radicado en Roma cerca de los papas Nicolás V y Pío II, fue también un cronista y un escritor político. En su Compendiosa historia hispánica publicada en Roma en 1470, desarrolló el programa de una nueva historia apologética de España.

El siglo XV se distinguió también por la creación del cargo de cronista real. Se trata de un oficio que se añadía a todos los de la corte real con su ritual de nombramientos, su remuneración y sus propias obligaciones. Al vivir en la corte, cerca del rey, los cronistas recogieron la documentación necesaria para escribir la historia de un reino y redactar su crónica. La escritura de la historia real se aprecia como un medio de formación política, de representación y de justificación del poder del príncipe e igualmente de representación de la especificidad y de la grandeza de los pueblos de la península ibérica. El libro de historia encierra una apuesta política.

A partir de los reinos de los Reyes Católicos se sucedieron las nominaciones de los cronistas. Se hacen entonces por cartas reales que exponían las razones de la nominación, los reyes hacen énfasis en las cualidades, todas humanísticas, que debe poseer el futuro cronista. Así es como los humanistas impulsan una nueva conciencia a la vez historiográfica, política y crítica.

Así en el otoño de la Edad Media, los historiadores ya no fueron siempre comisionados por los reyes. Los puntos de vista, a veces contradictorios, se enfrentaron. Se encontraron historias muy personales, individuales, siempre preocupadas por el futuro de España, mientras que se extendía y afirmaba el poder real de Castilla que, a final de cuentas, recurría a sus propios cronistas. Las crónicas constituyeron una de las fuentes predilectas del romancero y son un resguardo inagotable de relatos y anécdotas que fueron de gran utilidad para los futuros prosistas.

- Cuando la historia alcanza la ficción: valor ejemplar, escatología, memoria

El plan de Gesta hispaniensia ex annalibus suorum dierum collecta o Decadae, de Alonso de Palencia, no se parece en nada al de las crónicas universales y de los Specula historialia de la Edad Media que inician con la creación del mundo y terminan, muchas veces confusamente, con las crónicas específicas de los reyes locales.

La innovación de Alonso de Palencia consiste en rechazar el punto de vista limitado de sus predecesores castellanos que sólo toman en cuenta las actividades del rey y de los nobles de Castilla en sus crónicas. Extendió los horizontes de su crónica a los reinos y las ciudades de Francia, Alemania e Italia (Florencia, Génova y Venecia). Asimismo, fue el primero en distinguir dentro de la península ibérica los temperamentos sociopolíticos de las regiones y de las poblaciones (vasco, gallego, catalán, portugués y moro de Granada). Describió las características de los diferentes grupos sociales, el profanum vulgus o pueblo común, los conversos, los burgueses, la nobleza, la familia real, etcétera. Denuncia la corrupción de toda clase gobernadora, sin escatimar a sus propios mecenas ni a la reina Isabel, sin imputar todos los males de Castilla a las debilidades del rey depuesto y sus consejeros. No dijo nada, sin duda a propósito, de las Cortes, única institución nacional capaz de representar las aspiraciones de las ciudades. De hecho, para Palencia, el verdadero drama político no se juega en las Cortes sino en las luchas sangrientas para acercarse al monarca y para el control del consejero real. Palencia fue consciente de que los pobres son las víctimas y no los causantes de la violencia institucionalizada de su época.

En su Universal vocabulario en latín y romance escrito a petición de la reina Isabel y publicado en Sevilla en 1490, Alonso de Palencia comparte con el erudito Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática de una lengua romance nacional (Gramática de la lengua castellana, 1492), su preocupación por una lengua castellana vehículo de la grandeza de España. De una manera muy significativa da la definición de la historia como “género” total que abarca los anales y los comentarios, que son las “especies”. Además, según Palencia, la historia no es sólo la evocación de los hechos, está ligada a sucesos visuales. Corresponde a las imágenes la insigne función de la representación historiadora.

La imagen y el hecho son un todo. La imagen construye el hecho de la historia. La representación de la historia consiste en hacer ver lo que se ha visto. Mientras los cronistas, y en particular su contemporáneo Fernando del Pulgar, quisieron demostrar que la historia que narraban estaba guiada por Dios, Palencia eludió mencionar la providencia.

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