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Los Normandos, soldados de la Iglesia.

Enviado por   •  13 de Marzo de 2018  •  2.897 Palabras (12 Páginas)  •  10 Visitas

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La expansión del condado y su alianza con la Iglesia

Durante el siglo X la aristocracia normanda sufre un proceso de asimilación a la cultura francesa. Los descendientes de los vikingos mantienen el orgullo de su origen, su habilidad con las armas y un espíritu de aventura y conquista, pero en cerca de 100 años se pierde el idioma escandinavo a favor del francés y latín y se convierten en fervoroso defensores de la fe cristiana.

La evidencia arqueológica y los testimonios de la época reflejan una asimilación cultural, legal y religiosa más bien pacífica de la zona en dos o tres generaciones, a través de matrimonios entre colonos normandos y mujeres francas. La zona prospera, se pagan impuestos, los nobles de la zona se someten por lo general en forma pacífica y el Conde de Rouen aprovecha cualquier coyuntura política o militar para ir expandiendo paulatinamente su territorio.

Uno de los pilares en la consolidación de su poder político fue la alianza con el poder eclesial local. Los condes de Normandía repararon primero los edificios eclesiales ¡atacados por sus antepasados! y luego financiaron y promovieron un amplio plan de expansión de iglesias, abadías y monasterios. Las abadías de Bec, Fécamps y Jumièges se hicieron famosas en toda Europa, atrayendo estudiantes de todas partes de la cristiandad occidental.

La Iglesia proveyó a los condes de Normandía de legitimidad, apoyo político y consejeros preparados mientras ellos procuraban su prosperidad. La utilización política del apoyo eclesiástico queda patente por ejemplo en un popular himno religioso de la catedral de Rouen con entusiastas aclamaciones al Duque Guillermo. La religión era utilizada como un elemento de cohesión y un sólido apoyo al poder creciente del conde.

Al comienzo del siglo XI la importancia del condado ha crecido mediante la conquista de nuevas tierras. El rey reconoce esta nueva situación entregando hacia el 1010 el título de Duque de Normandía a Ricardo II, abuelo de Guillermo el Conquistador.

La aventura italiana, los normandos como defensores de la Iglesia

Los primeros registros de normandos en Italia son de finales del siglo X y principios del XI en que peregrinos normandos intervinieron en auxilio de nobles locales contra las fuerzas árabes y bizantinas. Las noticias de la fertilidad de esta tierra, el crecimiento demográfico de las familias normandas y la oportunidad militar que representaba la fragmentación política entre bizantinos, lombardos y árabes atrajeron la atención de más expedicionarios normandos.

Las habilidades militares de los normandos pronto los convirtieron en los mercenarios favoritos en las disputas locales y fueron contratados por Guaimar IV de Salerno y por el emperador de Constantinopla para reforzar sus ejércitos.

En premio por sus servicios hacia 1030 un jefe mercenario normando, Rainulf es nombrado Conde de Aversa y en 1042 a otro caudillo normando, Guillermo de Hauteville, se le concede el Condado de Apulia.

Graham Loud postula que en el Sur de Italia se produce un proceso similar al de Normandía, en que a través de la fuerza militar y el matrimonio con hijas de nobles locales, los normandos asumen tras algunas décadas el gobierno efectivo del territorio.

Inicialmente, el papado desconfía de estos mercenarios que amenazan los territorios pontificios y forma una coalición para combatirlos. Estas fuerzas encabezadas por el Papa León IX son derrotadas en la batalla de Civitate en el 1053. El desarrollo de esta batalla es sintomático de la visión normanda del cristianismo. Después de una gran victoria militar los normandos persiguen al Papa y ¡de rodillas le piden perdón!. Revela claramente que reconocen la fuerza espiritual del cristianismo.

Tras la derrota el papado acepta primero y después se apoya militarmente en las fuerzas normandas. Tras el cisma con Bizancio en el 1054 y la disputa “de las investiduras” con el Imperio Romano Germánico, el papado necesitaba desesperadamente un aliado militar. Los Normandos por su parte tienen ese poder militar pero requieren la legitimidad para validar políticamente lo que han ganado con la espada. Son los aliados perfectos.

En el Concilio de Melfi en 1059 el Papa Nicolás II recibe el juramento de lealtad y reconoce a Roberto Guiscard, de la familia Hauteville, como duque de Apulia y Calabria y de Sicilia-aún no conquistada- y, además, bendice su campaña para expulsar a los bizantinos del Sur de Italia y a los árabes de Sicilia. A partir de este momento, la casa de los Hauteville tendrá no sólo la fuerza militar sino el convencimiento espiritual de estar combatiendo por la gloria de la cristiandad.

En 1071 Roberto Guiscard toma Bari y expulsa definitivamente a los griegos de Italia. La conquista de la Sicilia árabe fue más larga y tomó casi tres décadas entre 1061 y 1091.Francois Neveux estima que la toma de Sicilia fue una larga serie de escaramuzas y emboscadas hecha por un pequeño número de caballeros, cerca de cien, que combatían en inferioridad numérica. Es difícil de explicar la persistencia y el sacrificio si no hay un elemento trascendente que lo inspire. La campaña de Sicilia fue la primera ‘guerra santa’ entre árabes y cristianos, décadas antes de las cruzadas. El papado ofreció indulgencia plenaria a los cristianos que participaron.

La casa de Hauteville honró su compromiso con la Iglesia, rescataron a Gregorio VII de las manos del Emperador Enrique IV en 1083 y promocionaron la religión católica en los territorios que dominaron. Si Roberto Guiscard es el gran guerrero normando en la epopeya italiana, su sobrino Roger II de Sicilia alcanzó la cota más alta de desarrollo cultural en la isla de Sicilia. Creó una sociedad cosmopolita y tolerante que integró elementos cristianos, árabes y griegos, pero sin olvidar su alianza con el papado. Destacan especialmente la construcción de la Capilla Palatina y las Iglesias de San Juan de los Ermitaños y la Martorana.

El apoyo de la Iglesia a la conquista de Inglaterra por parte de Guillermo el conquistador

Guillermo, duque de Normandía, consiguió hábilmente la bendición papal para su cruzada en el 1066. Para ello contó con la ayuda de la Iglesia normanda y envío a Gilbert, Arzobispo de Lisiuex como su representante ante el Papa. No sólo fueron decisivos los argumentos morales: el quebrantamiento al juramento de apoyo que Haroldo habría hecho a Guillermo y el adulterio del monarca inglés. Existía también un interés político, el Papa quería poner orden en la Iglesia de Inglaterra. El Arzobispo de Canterbury,

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