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" Disciplina en la infancia" y de Eduardo Aguilar Kubli

Enviado por   •  6 de Enero de 2019  •  11.901 Palabras (48 Páginas)  •  83 Visitas

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de sus padres por crecer también como personas, el grado de compromiso con la mejora de las situaciones, la autenticidad con la que vivamos y la palabra debe estar respaldada por vivencias que apuntan a lo mismo. No se trata de un estado “perfecta congruencia” – esto no es posible-, pero si de un medio en se generen acciones con una clara misión de amor. Esto ayudara a que el niño sin necesidad de estar repitiendo las reglas cada que no cumpla con una de ellas, ya que el niño evitara esas conductas si en verdad se convierten en buenos hábitos, lo mejor de todo es que lo llevara a cabo hasta la edad adulta y será capaz de convivir en sociedad sin conflictos.

¿Necesidades o deseos?

¿Cuál es la diferencia entre una necesidad o un deseo? Esta pregunta es fundamental para que un adulto pueda diferenciar y a partir de ello pueda actuar e intervenir de manera correcta cuando sea necesario.

Respecto a las necesidades físicas y afectivas del niño si cuya necesidad de atención no está satisfecha capta que si es desagradable su comportamiento se van a ocupar de él, y está en lo correcto por lo regular siempre los adultos se enfocan en lo malo que se realiza pero dejan pasar por alto las buenas acciones por lo cual si sienten necesidad de atención se portaran mal. Esta forma de comportarse les perjudica puesto que buscara la atención de otros adultos de la misma manera, es decir, comportándose de manera desagradable.

En cuanto a los deseos, el papel de los padres y maestros consiste en oírlos y reconocerlos, aun cuando nos los satisfagan integralmente. El niño cuyos deseos se satisfacen rápidamente en su mayoría, no aprende a esperar, a perseverar y a esforzarse, harán rabietas hasta que se cumplan esos deseos y como anteriormente se mencionó el error de los adultos es creer que con cumplirlos le están haciendo bien. Pues el niño constata que los adultos han interpretado bien sus necesidades y comprendido sus deseos, por lo cual replicaran esta conducta cada vez que ellos quieran lograr algo. Sin embargo si como adultos se comprende la diferencia de una necesidad a un deseo se sabrá cómo actuar correctamente y qué es lo mejor para el niño.

NECESIDADES DESEOS

Alimentarse sanamente Comer solo dulces

Dormir el tiempo adecuado Querer dormirse tarde

Jugar Querer quedarse en el recreo después de que haya terminado

Tener un momento de esparcimiento Ver televisión todo el día

Sentirse amado Que pida que se le cumpla todo para sentir que lo quieren

Tener limites Querer hacer lo que ellos quieren

Los comportamientos desagradables

La teoría no falla: los niños maltratados, negados, rechazados y desatendidos son problema y dolor de cabeza para toda la sociedad el resto de sus días ya que no sabrán convivir. No se puede dar el lujo de desaprovechar la oportunidad de revertir las cosas.

Los niños que tienen las mayores necesidades lo demuestran con comportamientos desagradables para dar a entender lo que quieren, esto porque no se les ha enseñado a hacerlo de forma conveniente y responsable. Los que tienen mayor necesidad de amor son los que parecen lo menos amables y los más difíciles de amar, sin embargo son los más sensibles y solo buscan un poco de atención.

William Glasser (1996) psiquiatra y consultor en educación, explica hay que empezar desde la primera infancia a enseñar a los niños a expresar sus necesidades y aprender a satisfacerlas en la medida de sus posibilidades. Si esto falta, aparece el sufrimiento, lo que los llevara siempre a buscar medios completamente inapropiados para satisfacerlas.

William Glasser la define como la capacidad para satisfacer nuestras necesidades de manera que no impida a otros su capacidad para satisfacer las suyas.

Kubli coincide con lo que menciona Glasser que a veces los papás se desesperan queriendo encontrar obediencia en su hijo o simplemente no les gusta el comportamiento que emplea, y la reacción es regañar al niño quien se siente retado y empeora su comportamiento pues se va convirtiendo en algo normal para él. En estos casos, usan como técnica correctiva o disciplinaria dirigida a lograr un cambio o hacerle ceder en sus acciones, lanzar amenazas de retirarle su amor y afecto.

Diciendo cosas como: “ya no te voy a querer” o “ya no te quiero y vete de aquí”, ignorándolo durante lapsos de tiempo que pueden variar.

Podría entenderse que los papás están cansados o desesperados, pero una técnica de reprimir como ésta puede dañar enormemente a los niños que la reciben, rompe esa relación de confianza y seguridad con los padres y genera en ellos vergüenza, culpa, angustia y dolor profundo, lo que puede acarrearles enormes consecuencias negativas. Los correctivos disciplinarios pueden causar dolor.

Retirar al niño un juguete por su mal comportamiento o retirarlo del lugar donde estaba jugando y divirtiéndose. Sin embargo, él se recuperará de este dolor y nada le ocurrirá a su mente y sus emociones más allá del momento.

Pero si se le agregan cargas verbales y conceptos como el que se mencionó (además de otros como insultos, comparaciones, humillaciones, burlas o menosprecio o incluso golpes físicos), se trasciende la esfera del dolor y se va a la frontera del daño psicológico, el cual debe evitarse. Los tienen el derecho a preservar la salud de su psicología integral, en tanto que a los adultos corresponde una gran responsabilidad de preservarla, y no sólo eso, también la obligación de no dañar su salud mental.

Esto no quiere decir que los adultos dejarán de disciplinar; es sólo que deben cuidar con tacto y sensibilidad lo que le dicen al niño para ello.

Lo recomendable es aplicar la sanción.

Retirarlo del área de juego y explicarle por qué, pero no ofenderlo ni definirlo como un ser negativo o nefasto. La pérdida de un privilegio es bastante dolorosa para él, y eso puede ser suficiente para que vaya aprendiendo, y no nada que afecte su valor como persona o la haga sentirse “perversa”. Es mejor no decir nada, sólo es necesario corregir, explicar por qué y ya, y si el niño rectifica, se puede dar un reconocimiento y un aplauso por ello. “Te digo lo que no hay que hacer” y por qué no, y te digo cuándo sí, y se festejan sus

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